Natán el sabio

 

Protagonizada por el actor emérito de la Compañía Nacional de Teatro, Ricardo Blume, esta obra de Gotthold Ephraim Lessing, dirigida por Enrique Singer fue traducida y adaptada para la escena por Luis de Tavira y Stefanie Weiss. Este texto de finales del siglo XVIII aborda el asunto de la fe, más allá del dilema entre las distintas religiones.

Enrique Singer se propuso contar una historia más cercana a Las mil y una noches que al realismo contemporáneo, pues el texto dramático responde a la misma lógica de las escrituras taoístas, los cuentos de Nasrudín y las parábolas de Cristo, en donde la sabiduría se transmite a través de historias y poesía.

El universo del Medio Oriente en el siglo XII es la referencia escenográfica que creó Philippe Amand mediante paneles sobre un espacio vacío estilizado con motivos de época musulmanes y figuras arabescas. Mario Marín, diseñador de vestuario incluyó en las prendas de los personajes, su cultura: la arquitectura, los manuscritos, el arte y los utensilios que los rodean, para  trascender la vestimenta histórica de manera que su indumentaria hable de los mundos que se enfrentan en Natán el sabio.

 

Sinopsis:

La obra sucede en 1188 tras la caída de Jerusalén en manos del sultán musulmán Saladino. Ahí, en la ciudad de David, capital del Imperio Cristiano de Oriente, conviven en un frágil equilibrio, las comunidades que las tres religiones monoteístas identifican: judíos, musulmanes y cristianos. A la manera del renacentista Bocaccio, Lessing escenifica la historia de Natán, mercader judío que habrá de enfrentar con sabiduría los intrincados conflictos de las diferencias. Al volver de un viaje de negocios, una vez establecida la tregua entre Saladino y Ricardo Corazón de León, Natán encuentra su casa que ha estado a punto de ser consumida por un incendio en el que pudo perecer su hija única, Rea, que fue salvada por la audacia de un caballero templario cristiano que a su vez había sido indultado por el sultán Saladino, quien encontró en el rostro del cristiano, asombrosas semejanzas con su hermano Assad, desaparecido hace algunos años.

Se desatan así las intrigas sobre la identidad de los personajes involucrados en aquel incendio. Mientras tanto, el Patriarca de Jerusalén conspira para romper la tregua. Las arcas del reino musulmán están vacías y el Sultán se ve precisado a buscar financiamiento. En tal situación, Saladino llama a Natán cuya riqueza, gracias a la misma guerra, es considerable, pero al estar frente a él, en lugar de requerirle su dinero, sucumbe al enigma de su famosa sapiencia y lo desafía a responder la pregunta sobre cuál de las tres religiones que se practican en Jerusalén es la verdadera.

Lessing pone en boca de Natán la famosa parábola de los tres anillos recogida por Bocaccio en el Decamerón. La respuesta de Natán es un enigma mayor del que entrañaba la pregunta del Sultán, a cuya luz habrán de dilucidarse las intrigas políticas, los equívocos del amor, los cuestionamientos de la fe y el debate de la conciencia en la trama de un luminoso discurso dramatizado que discurre, a favor de la tolerancia y el respeto a las diferencias como la única posibilidad de convivencia humana.

 

                      11 Natán el sabio                       11 Natán el sabio
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